
Me hago eco de una noticia publicada hoy en Libertad Digital, según la cual, en los Estados Unidos la Asociación de Militares Ateos y Librepensadores reclama que existan en el Ejército capellanes laicos, igual que los hay para atender las creencias religiosas de los soldados. Según uno de sus líderes, "el humanismo ocupa el mismo papel para los ateos que el cristianismo en los cristianos y el judaísmo en los judíos".
Bien, todo el planteamiento me parece absurdo, sin ánimo de faltar el respeto a los que no creen. Para empezar, la existencia de capellanes en las Fuerzas Armadas, igual que en otros ámbitos estatales, se justifica desde tiempos remotos para dar una asistencia religiosa a sus miembros, dado que las personas creyentes, al menos en las religiones cristianas, requieren de sacramentos y actos litúrgicos que no pueden satisfacer por sí solas, además de consejo y consuelo espiritual a quienes lo soliciten. En ningún caso su función es hacer proselitismo (al menos en estados aconfesionales).
Nada de esto aparece en el caso de los ateos, que no reciben sacramentos ateos, ni necesitan un intermediario para acercarse a Dios (en el que no creen), ni necesitan que alguien les recuerde Su Voluntad. En todo caso, se me ocurre, puede que precisen que alguien les recuerde la inexistencia de Dios, si se ven tentados a creer en Él, pero tampoco podrían extender el escepticismo entre quienes no creen, porque sería una contradicción con lo que significa la asistencia religiosa, integrada en un derecho fundamental. Además, si lo que dicen predicar estas personas es una suerte de “humanismo”, esto los excluiría al menos del ámbito de protección de nuestra Ley Orgánica de Libertad Religiosa (art. 3.2).
Lo cual no quiere decir que esto no salga adelante, y se confirmaría lo que decía Chesterton: “El mundo está lleno de ideas cristianas que se han vuelto locas”.
Bien, todo el planteamiento me parece absurdo, sin ánimo de faltar el respeto a los que no creen. Para empezar, la existencia de capellanes en las Fuerzas Armadas, igual que en otros ámbitos estatales, se justifica desde tiempos remotos para dar una asistencia religiosa a sus miembros, dado que las personas creyentes, al menos en las religiones cristianas, requieren de sacramentos y actos litúrgicos que no pueden satisfacer por sí solas, además de consejo y consuelo espiritual a quienes lo soliciten. En ningún caso su función es hacer proselitismo (al menos en estados aconfesionales).
Nada de esto aparece en el caso de los ateos, que no reciben sacramentos ateos, ni necesitan un intermediario para acercarse a Dios (en el que no creen), ni necesitan que alguien les recuerde Su Voluntad. En todo caso, se me ocurre, puede que precisen que alguien les recuerde la inexistencia de Dios, si se ven tentados a creer en Él, pero tampoco podrían extender el escepticismo entre quienes no creen, porque sería una contradicción con lo que significa la asistencia religiosa, integrada en un derecho fundamental. Además, si lo que dicen predicar estas personas es una suerte de “humanismo”, esto los excluiría al menos del ámbito de protección de nuestra Ley Orgánica de Libertad Religiosa (art. 3.2).
Lo cual no quiere decir que esto no salga adelante, y se confirmaría lo que decía Chesterton: “El mundo está lleno de ideas cristianas que se han vuelto locas”.
1 comentarios:
En primer lugar dejar claros los conceptos: un capellán es miembro del clero que sirve a un grupo de personas que no están organizadas como en una misión o iglesia, como ocurre en una unidad militar.
Si eres capellán, eres “miembro del clero”, eres cristiano; si eres rabino, eres judío y si eres imán, eres musulmán. Supongo que para los ateos tendrían que ser psicólogos o filósofos…pero no, “capellanes laicos”, es algo contradictorio, un ateo, no profesa ninguna religión, por lo tanto, es imposible que existan "capellanes laicos", entendiendo como laicos a los que no creen en Dios.
Decir "capellanes" y además "laicos", es como querer tener un jardín sin flores, unas lentejas sin chorizo, un Whisky sin alcohol...jaja, la cosa estriba en que el concepto pierde su esencia.
Por ello, no podemos hablar de capellanes laicos es conceptualmente incorrecto.
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