sábado, 13 de noviembre de 2010

Quitando unas cruces...



...y poniendo otras.

4 comentarios:

Cristina I. Carretero Esteban dijo...

Resulta vergonzosa la situación que estamos viviendo con la manía de quitar los crucifijos, dentro de poco no tendremos ni Navidad ni Semana Santa... esta no es la sociedad ni la educación que quiero cuando en un futuro tenga hijos...
Un abrazo Ángel.

Miguel García Torrús. Grado en Derecho Grupo B. dijo...

Según pasa el tiempo, los colegios e institutos se asemejan más a una jungla salvaje en la que los avezados profesores deben hacer frente a una serie de indómitos alumnos. La Educación está en crisis, no hay nada más que salir a la calle, recoger una muestra de unos veinte chavales a punto de terminar la E.S.O. y preguntarles, por poner algún ejemplo, la capital de Austria o en qué año se descubrió América. Os sorprenderían las respuestas. Dar un ordenador portátil a cada niño no es la solución, por muy tecnológico y cosmopolita que esta medida parezca. Se requiere un cambio total de mentalidad, un refuerzo de los ya (lamentablemente) anticuados valores de esfuerzo, perseverancia, trabajo y respeto.
Cuando todo parecía perdido, la iluminación se presentó por sorpresa en la mente del individuo que conduciría a la salvación de la Educación. “El problema está claro.” -diría para sí. “Los crucifijos junto a las pizarras distraen a los niños”. Y así, justificando el carácter aconfesional del Estado, las imágenes de Jesús Nazareno crucificado abandonaron las paredes de numerosos colegios. Señores, por favor, los alumnos tienen otras distracciones como los móviles, el mp3, la consola, alguna revistilla… No creo que se pasen las horas mirando la figura junto a la pizarra; no creo ni que miren las pizarras.
Está política de hacer desaparecer las cruces se ha convertido en una fiel ola del progresismo más atroz. Si España es un Estado aconfesional, nada de cruces en los colegios e institutos públicos. No os asustéis si dentro de unas semanas, cuando se pase el efecto de la reducción de la velocidad en autovías y autopistas, renazca el afán de retirar todas las cruces, y cuando digo todas, me refiero a “todas”. Imaginaos el enorme caos: Penélope Cruz pasaría a ser tan sólo Penélope, y cuando le fueran a dar el Oscar se confundiría con “la del bolso de piel marrón”; la Cruz Roja dejaría de serlo para convertirse en la Roja, así, cuando viéramos en las noticias alguna información como “La Roja envía ayuda humanitaria a Libia” no sabríamos si se refieren a la Selección Española, a esta organización sin ánimo de lucro o tal vez, a la Pasionaria; por citar otro ejemplo, ahora culinario, la famosa Cruzcampo se pediría ahora en los bares y restaurantes del siguiente modo: “Póngame un par de campos.” (el camarero os observaría extrañado y os mandaría a ver a su cuñado, que vende un par de fincas rurales) Espero por el bien de todos, que todo esto no pase de ser una sátira, porque si no, señores, permítanme decirles que estaríamos lo que se dice, jodidos.
Estamos retirando las cruces de los edificios públicos como una vez se retiraron también las imágenes de un dictador. Creo que son dos casos muy distintos. Puede parecer claro que en un Estado sin religión oficial, no tengan cabida elementos identificativos de cualquier religión en edificios públicos, hasta ahí no podemos reprochar nada. Pero el trato que se está dando a la situación no es el adecuado. Hay mayores problemas en los colegios, hay grandes deficiencias, que por desgracia, no se van a solucionar descolgando de la pared una cruz. (+++) Vale.

Cristina dijo...

Releo Ángel mi comentario de hace un par de años tan solo y me pregunto si yo no estaba quizá equivocada en tan bruscas palabras. Si es la imposición la que provoca los abismos que separan a la gente de la práctica religiosa, y si respetando determinados espacios neutrales,no lograríamos evitar los distanciamientos que se provocan. A veces invadimos esferas que no nos corresponden y las que nos competen las ignoramos. No sé Ángel, la manifestación de nuestra fe no debe relegarse a lo privado, y yo no oculto la mía, pero a veces siento que se hace uso de mi fe para cuestiones que no comparto, y siento temor de que una creencia noble, pueda alejar más que atraer según el uso que se haga de ella. Quiero la Semana Santa, la Navidad, el crucifico en mi casa y el colegio religioso de mis hijos, pero me pregunto, si de verdad era vergonzosa la situación como yo decía, o solo estaba manipulado mi joven pensamiento...

Ángel dijo...

Eres libre para ser lo neutral que quieras, Cristina, lo que planteaba la entrada, creo, es que esa libertad no te la pueden quitar decidiendo otros sobre algo -religión- que no incumbe a los poderes públicos.
Por otro lado, creo que la sociedad es mejor cuando cada uno aporta lo mejor que tiene, no cuando tiene temor a hacerlo. Hay que ser uno mismo, y si hace falta, se recuerdan los límites, pero de entrada no podemos renunciar a lo que somos, demasiado vacía de valores está ya esta sociedad. Pero tampoco hay que quedarse en la anécdota, sino ver lo que hay detrás, tanto de una postura como de otra.